El estrés, en contra de nuestra belleza

A la hora de favorecer nuestra belleza es importante estar atentos a una serie de factores, que no solo tienen que ver con los cuidados externos, como la aplicación de cremas, técnicas y tratamientos dirigidos a este objetivo, sino que también es clave el factor emocional. Es por eso que el estrés es un enemigo importante del rejuvenecimiento y del cuidado de uno mismo, tanto por dentro como por fuera.

¿Quieres saber cómo influye el estrés?

Para empezar, el estrés suele llevar aparejado falta de sueño o insomnio, lo que repercute de manera directa en la piel, pues acelera su envejecimiento y hace que el rostro pierda luminosidad, vitalidad y firmeza.

Como es lógico, la falta de descanso favorece la aparición de ojeras y bolsas debajo de los ojos y este estado emocional puede producir desórdenes dermatológicos, como la aparición de eczemas, manchas, psoriasis o acné. Por otro lado, el estrés va asociado muchas veces a la pérdida de cabello y a la aparición de canas, afectando también así a nuestro aspecto.

Del mismo modo, el proceso de hidratación en nuestro organismo no se realiza de la misma forma cuando nos encontramos estresados, por lo que repercutirá en una piel agrietada, opaca y sin vida.

Hay que tener en cuesta que siempre que no mantengamos un bienestar emocional y psicológico, habrá un impacto en el bienestar físico y estético. Los dolores de cabeza y la pérdida de energía, provocados en muchas ocasiones por el estrés, tendrá su reflejo en nuestro rostro y nuestra dermis.

Aunque depende de cada caso y cada uno debe ser estudiado en profundidad, existen una serie de hábitos que vienen muy bien para reducir los niveles de estrés:

- Hacer deporte o realizar actividad física de manera habitual.

- Realizar ejercicios de relajación, como yoga o mindfulness.

- Mantener una rutina de horario por la noche para favorecer el descanso y dormir entre siete y ocho horas.

- Mantener una alimentación equilibrada.

 

Como puedes ver, la belleza comprende un conjunto de aspectos que tienen que ver tanto con aspectos externos como internos y, por eso, siempre debemos cuidarnos desde un enfoque global.